Violencia contra las mujeres, el sentido común y la ley

La siguiente ponencia fue presentada en el grupo de trabajo 6, mesa 5, “Memoria y género” en el marco del XXX Congreso Latinoamericano de Sociología de la Asociación Latinoamericana de Sociología -ALAS- 2015, celebrado en San José, Costa Rica.

Lo que busco explicar es el porqué dentro del plano formal se ha cristalizado parcialmente el fenómeno de la violencia contra las mujeres, cómo el Estado funciona como engranaje entre la racionalidad social y la jurídica, cómo se aborda el fenómeno desde esta última y la razón del porqué no ha ocurrido algo equivalente dentro de la vida cotidiana y, por ende, el sentido común. Esto se hace desde la identificación del sistema de valores por medio del cual se fundamentan las formas y modos de ser, de comportarse y de pensarse a sí mismas las personas en la vida cotidiana, lugar donde se generan los procesos de tipificación de las acciones violentas dentro del sentido común.

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El Paro nacional Guatemala, 27 de agosto 2015 parte II

Continúa la excelente reflexión crítica de Sergio Palencia sobre la histórica movilización del 27 de agosto, más conocida como #27A o #Paro27A.

Ahora ahonda sobre el papel preponderante que tiene el CACIF, la embajada estadounidense en Guatemala y el ejército dentro de la contención y manejo de la crisis. Además que resalta los devenires socio-políticos de los que fue objeto Pérez Molina como presidente luego de haber exigido la renuncia del expresidente Álvaro Colom en el año 2009. Asimismo hace una comparativa de las coyunturas salvadoreña y hondureña que da hincapié a un entendimiento regional de la situación y que se concatenan de diversas formas. Y lo más importante, se recupera para la memoria colectiva, la resistencia ciudadana que viene desde los primeros meses de gobierno de Álvaro Colom hasta los últimos meses del gobierno de Pérez Molina.

Desde la Centroamérica en crisis, 2008-2015

Por: Sergio Palencia.

Segunda parte.

¿Qué hace Bolívar

en el trasfondo de nuestra memoria?

Que venga

a decir otra vez su profecía;

a decirle a nuestros pueblos:

LIBERTAOS ANTES DE VEINTE AÑOS.

Roberto Obregón[1]

Entre el 25 y el 27 de agosto las organizaciones campesinas, indígenas o no, salieron a bloquear más de 40 puntos en distintas carreteras del país. En la ciudad grupos estudiantiles, sindicatos críticos y colectivos recién surgidos de las manifestaciones tomaban instituciones públicas, tramos de calzadas y se agrupaban frente a instancias gubernamentales. En el área rural el comercio con salidas hacia México, El Salvador y Honduras, estaba siendo detenido. La exigencia era el paro in crescendo de la actividad económica hasta que renunciara el presidente, general Otto Pérez Molina. Contrario a los últimos cinco años, en la ciudad capital de Guatemala había un ambiente de empatía hacia los bloqueos, manifestaciones y paros, normalmente definidos como contrarios al progreso nacional, al comercio y al empleo. El presidente Pérez Molina, por su parte, no renunciaba pese a la denuncia oficial de la CICIG[2]hacía una semana. Al contrario, negaba los cargos y amenazaba al empresariado nacional, insinuando que si él era corrupto también lo era quien pagaba. El general se le había insubordinado al capital. Rumores de un auto golpe rondaban. Mientras, un buque de guerra se detenía frente a las costas atlánticas de Guatemala, proveniente de la base estadounidense de Honduras. ¿Cómo se había llegado a esta situación? Más que una respuesta basada eminentemente en los meses de 2015, es necesario ver cómo la crisis de este gobierno es parte de una más profunda crisis regional, tanto en México como en el triángulo norte de Centroamérica (Véase adelante: Mapa, pág. 7). A continuación, detengámonos en las fisuras que fueron posibilitando un nuevo momento de la lucha social

  1. Nuevo avasallamiento en proceso, 2008-2011

Es más que probable que la crisis capitalista del 2008 haya repercutido en los empresarios y banqueros de la región centroaméricana, creando miedo e incertidumbre. Aunado a los conflictos que venían desarrollándose y el temor a una “Venezuelización” de Centroamérica – nueva versión de los añejos odios anticomunistas centroamericanos –, el año 2009 marca una separación histórica. En Guatemala, para el año 2008 había sido elegido como presidente Álvaro Colom, de discurso socialdemócrata. Recuerdo a los estudiantes de un colegio de élite referirse que con Colom había “llegado el comunismo”. Por su parte, en Honduras, desde el año 2006 había asumido la presidencia Manuel Zelaya quien, poco a poco, fue tomando un curso en conflicto con la oligarquía local y un mayor acercamiento a la política comercial-petrolera de Venezuela. Esto fue incomodando al régimen económico, auspiciado en el narcotráfico, el impulso minero y el manejo de las remesas de sus migrantes. Asimismo, en El Salvador, el partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) conseguía la presidencia, en marzo 2009, a través de Mauricio Funes.

En el caso específico de Guatemala, en términos de acumulación de conflicto en los últimos años, hay por lo menos dos eventos que marcan el periodo previo de Pérez Molina. Aquí solo nos estamos refiriendo al gobierno de Álvaro Colom, de discurso socialdemócrata, pero el ataque venía intensificándose sobre todo desde los gobiernos empresariales-oligarcas de Álvaro Arzú y Oscar Berger. Primer evento: la imposición armada del complejo minero-industrial de una nueva cementera en el municipio kaqchikel de San Juan Sacatepequez, cercano a la capital (Véase adelante, pág. 8). El 19 y 20 de septiembre 2008 se declara Estado de Sitio sobre el municipio, lo que previamente iba acompañado de escuadrones de seguridad privada de la empresa y la movilización policiaca en el área. Segundo evento: la serie de desalojos violentos en el valle del Polochic, los cuales tenían por objetivo arrebatar las tierras del uso humano para darle paso al cultivo de la mercancía-palma africana. Uno de estos desalojos se da el 15 de marzo de 2011 donde la Policía Nacional Civil dispara bombas lacrimógenas directamente al cuerpo de los campesinos, uno de ellos Antonio Beb Ac, quien recibe el disparo en la cabeza. A las horas, muere.

  1. La crisis del 2009: reacción conservadora

La piel de la oligarquía regional estaba sensible a cualquier fantasma de Hugo Chávez, visión revisitada de los miedo atávicos hacia Fidel Castro y el socialismo cubano. Los proyectos nacionalistas de América del Sur – con su reivindicación de los recursos naturales recuperados, la inicial negativa a las políticas económicas (FMI-Banco Mundial-Washington) y la redistribución social vía fisco – hacían perder los estribos a una élite regional que, hacía poco más de una década, acaba de salir de una guerra total a los proyectos nacional-revolucionarios desatados entre 1960 y 1980 por las guerrillas. A mediados de mayo 2009, en Guatemala, un abogado de banqueros y grandes empresarios, Rodrigo Rosenberg, filma un video donde culpa al presidente Álvaro Colom y a parte importante de su gabinete, nada menos que de su futuro asesinato. El 10 de mayo 2009 muere Rosenberg, lo cual unifica el descontento de las clases propietarias que veían, en las tímidas políticas sociales de Colom, la construcción de una nueva Venezuela. Periódicos, medios de comunicación, radios llaman a manifestarse contra Colom. Asisten vestidos de blanco, emulando las movilizaciones antichavistas de 2001-2002. Colom, asustado, convoca a contramanifestaciones y moviliza gente de escasos recursos. Las fotografías de los medios son terribles: gente vestida de blanco, con sus guardaespaldas, enseñan billetes de 50 quetzales a los movilizados por Colom, gritándoles que eran “acarreados”. Uno de los principales exigentes de la renuncia de Álvaro Colom era el general Otto Pérez Molina, quien había recién perdido las elecciones contra él. Colom sortea la crisis, entre otros apoyos, a través del Ejeŕcito, congraciándolo con un aumento jugoso de su presupuesto anual.

En Honduras, la élite está desesperada ante Manuel Zelaya y su convocatoria a un plebiscito donde se consultaría sobre una nueva Asamblea Nacional Constituyente. La fecha estaba programada para el 28 de junio 2009. No obstante, ese día no se haría el plebiscito y, en su lugar, el Ejército descontento secuestra al presidente Zelaya y le da Golpe de Estado. La reacción de condena en el Hemisferio es unánime. En América Central se inicia nuevamente una regresión al militarismo y contra los procesos de la democracia procedimental. Mientras tanto, en El Salvador, el partido de la extrema derecha, ARENA, ve con muy malos ojos la llegada al poder de la antigua guerrilla, ahora devenida partido político FMLN. En Nicaragua la Revolución sandinista ha pasado a formar un programa de centralización de los planes de expansión capitalista en el país. Uno de los líderes de la década revolucionaria, Daniel Ortega, elabora políticas de asociación comercial, energética y de control social con capitales venezolanos, chinos y rusos. El discurso del antiimperialismo, desprovisto del contenido revolucionario de los ochentas, ahora es parte de su estrategia por monopolizar el poder. Mientras tanto esta pequeña región, tan golpeada por las guerras financiadas por EE.UU., sigue expulsando a su población en tanto migrantes y se convierte, así, en jardín de paso para el narcotráfico. El impulso capitalista, “legal” o “lavado”, ahora busca invertirse en minería, energía eléctrica y agroindustria.

  1. El militarismo regresa de civil: Honduras y Guatemala

Juan Orlando Hernández es un presidente hijo del golpismo en Honduras. Tanto el Congreso como el Ejército hondureños habían lanzado la campaña de desestabilización de Zelaya. El líder del Congreso, Roberto Micheletti, había asumido la presidencia pese a la negativa de muchos países latinoamericanos a legitimar su cargo. Por eso su insistencia en llamar a elecciones en enero 2010. Dos personajes críticos al Zelayismo asumirían los principales poderes. Por un lado Porfirio Lobos, antiguo contrincante de Zelaya en las elecciones de 2005, quien no había aceptado su derrota en las urnas. Por otro lado, Juan Orlando Hernández, joven político elegido también en enero 2010 como presidente del Congreso. Como es usual en muchos países latinoamericanos, el Congreso se convierte en el eje de la tranza mercantil y de la defensa de los privilegios para beneficiar empresas (telefónica, mineras, energéticas), tratados de libre comercio o, simplemente, gozar de antejuicio e inmunidad. En 2014 Juan Orlando Hernández – conocido como JOH localmente – es elegido presidente de Honduras. El golpismo mantenía el continuum en tanto régimen.

Del otro lado de la frontera, en Guatemala, muchos de los grandes capitales movilizados en las insinuaciones golpistas de 2009, contra Colom, se lanzan a apoyar la candidatura de Otto Pérez Molina y de Roxana Baldetti. Entre ellos, el grupo Multiinversiones y prominentes miembros del CACIF[3], quienes quieren mantener la relación histórica entre el capital “guatemalteco” y el estamento militar. Gran parte del voto a Pérez Molina vendría de las áreas urbanas, atizadas por el discurso de la mano dura contra la delincuencia común y, paradójicamente, contra la corrupción. Como contexto, el general Pérez Molina había desempeñado planes de contrainsurgencia contra las aldeas insurrectas junto al Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) en el área indígena Ixil, en 1982. Posteriormente había desempeñado cargos de Inteligencia del Estado Mayor del Ejército, supervisión de grupos rebeldes urbanos y rurales. En 1996, junto al presidente criollo-empresarial Álvaro Arzú, el general Pérez es el encargado de firmar los Acuerdos de Paz con la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG).

Desde inicios de la década de 2000 empieza a organizar un partido de militares de su promoción y empresariado conservador. Como binomio, Roxana Baldetti, comunicadora que había crecido bajo la escuela de Mario David García, civil golpista en 1988, detrás de la filmación del polémico video de Rosenberg y futuro candidato, durante la crisis de 2015, al moribundo Partido Patriota (PP). Como principales socios del Partido Patriota, estarían militares directamente relacionados con las campañas contrainsurgentes sobre el terreno, entre ellos el futuro Ministro de Gobernación, López Bonilla y el Presidente del Seguro Social, Juan de Dios Rodríguez, ambos acusados de corrupción.

  1. Finalmente, Pérez Molina y la lucha de clases en Guatemala, 2012-2015

Hacía apenas un año el capital agroindustrial había ordenado a la policía el desalojo en las fértiles tierras de Polochic, Alta Verapaz. Ante esta situación y como una medida de presión al gobierno, distintas organizaciones campesinas deciden, junto a sus comunidades miembro, realizar una marcha de más de 200 kilómetros hasta la capital de Guatemala. Ingresan alrededor de 15 mil personas el 27 de marzo 2012, apenas dos meses y medio después de la investidura en la presidencia del general Pérez Molina. El objetivo de la Marcha Indígena y Campesina, como le llamaron sus organizadores, era detener los desalojos, conseguir tierra y financimiento para las comunidades desplazadas así como impulsar la Ley de Desarrollo Rural, nunca aprobada por la negativa de la Cámara del Agro. El general permitió la marcha e incluso los recibió, sin embargo sus planes eran otros. El 1 de mayo de 2012 pobladores de Barillas, en el norteño departamento de Huehuetenango, se levantan contra el asesinato de dos líderes sociales a manos de la seguridad privada de la empresa. En el acto, toman un destacamento militar. Rápidamente se moviliza el presidente Pérez con su Ejército, desplegando un primer Estado de Sitio en la región. Luego de dos semanas y ante la presión popular y de la comunidad internacional, el Estado de Sitio se elimina. Fracasa, no obstante, las secuelas de la guerra en la región vuelven a surgir.

Entre mayo y agosto 2012 el gobierno de Pérez Molina intenta realizar reformas a la Constitución, lo cual es denunciado en los periódicos y rechazado por varias organizaciones capitalistas, entre ellas CACIF. No obstante, en otras ramas como la educación y la energía eléctrica, el gobierno está en abierta componenda con el empresariado organizado. Durante julio 2012 se elimina la carrera de Magisterio en las Escuelas Normales, bajo la excusa de su mala calidad y se sustituye por un Bachillerato en educación. Con esto se suprimía la opción de miles de jóvenes estudiantes, de las áreas urbanas marginales y del área rural, por apostarle a la profesionalización laboral. Varios institutos son tomados por los normalistas y bloquean carreteras en la ciudad y las carreteras en el campo. Rápidamente son desalojados con violencia por los equipos antimotines. Mientras tanto, Pérez Molina mueve su gente en puestos claves con acceso a financiamiento público: el Seguro Social (IGSS), la Superintendencia Tributaria (SAT), aduanas e incluso puertos, como el de la entrada desde el Pacífico. Concede el Puerto Quetzal a una empresa española, a pesar de la negativa de un sector del empresariado, de las denuncias del sindicato portuario y de varios periódicos. La meta, ahora lo vemos, era apropiarse de los canales de comercio y la dirección del dinero de impuestos.

Las luchas, no obstante, se incrementaban en el país. En Totonicapán, una de los gobiernos indígenas mejor organizados del país, 48 Cantones, decide manifestar el 4 de octubre 2012. La razón primordial era la exigencia de bajar las tarifas cobradas por DEOCSA, distribuidora de energía eléctrica, en ese entonces de capital español, privatizada durante el gobierno de Álvaro Arzú a finales de los noventas. Después de haber reunido más de 15 mil personas en ocho bloqueos de su territorio k’iche’, el Ejército llega e intenta desalojar a los manifestantes. Si bien inicia con bombas lacrimógenas, pronto se les sale de control la propia resistencia de los manifestantes a lo que responden con disparos de fusiles Galil, los mismos utilizados durante la guerra cuatro décadas atrás. Mueren 6 k’iche’s y resultan heridos más de 34. Algunos la consideran la primera masacre gubernamental luego de los Acuerdos de Paz de 1996. En mayo 2013 los indígenas xincas, en el departamento de Jalapa y Santa Rosa, oponen resistencia a la construcción de una de las minas de plata más grandes de Latinoamérica. De nuevo se decreta Estado de Sitio e ingresan fuerzas combinadas de la policía y del ejército.

El 23 de mayo 2014 un enorme contingente de antimotines policiacos logra, finalmente, desalojar la resistencia comunitaria en San José del Golfo, municipio en la entrada a ciudad de Guatemala. Esta resistencia había sido paradigmática por su carácter pacífico, comunal, rotativo y con un papel preponderante de las mujeres, en un área étnicamente mestiza. La mina empieza a operar en ese lugar conocido como La Puya, la resistencia se reorganiza. El 15 de agosto 2014 sucede todo un operativo conjunto de la policía, con resguardo militar, en una zona rica en recursos hídricos en el departamento de Alta Verapaz. El operativo, comandado por el Ministro López Bonilla, es realizado en día feriado para la capital, desplegando varios contingentes policiacos contra la resistencia a la hidroeléctrica en la comunidad q’eqchi’ de Monte Olivo y Semococh. Empero, la resistencia también adquiere un carácter regional y logra imposibilitar la rápida movilización policial, obligando a los agentes a disparar contra uno de los bloqueos, matando a 3 campesinos q’eqchies. De igual manera, en Santa Eulalia y San Mateo Ixtatán, en el norte de Huehuetenango, se envían convoys policiacos para imponer hidroeléctricas en las tierras bajas que tienen su salida hacia Chiapas, en México. De nuevo, comunitarios q’anjobales y chujes se organizan territorialmente para impedir la entrada masiva de las fuerzas estatales, si bien al precio de enfrentamientos puntuales e incluso, la paulatina pero certera persecución y encarcelamiento de los líderes del Gobierno Plurinacional indígena.

Todo esto sucedía como un plan del capital regional por imponer nuevas formas de apropiación territorial. Como vemos, está en disputa el control del caudal de los ríos, la producción de energía eléctrica, la distribución y la inversión de capital constante en torres de transmisión eléctrica. En este sentido, la empresa colombiana TRECSA[4] recibe concesiones territoriales por parte del Estado, si bien en distintos territorios comunales le es impedido el paso. Así, también, el beneplácito a la agroproducción de palma africana y azúcar en Petén, Alta Verapaz, Izabal y Escuintla, con una constante vigilancia armada de los territorios, los cuales, a su vez, son canales de narcotráfico. Finalmente, el gobierno de Pérez Molina tenía planeada la construcción de un Corredor Interoceánico Seco, con una carretera atravezando el país, creando además una zona franca de producción maquilera con salarios legislados por debajo del mínimo acordado nacionalmente. No logra los consensos necesarios.

De manera general, los capitales financieros, industriales, comerciales, terratenientes – siguiendo la famosa fórmula trinitaria de Marx – buscan imponer militarmente la apropiación regional de plusvalía. No obstante, la múltiple y persistente resistencia en distintos lugares impidió, al mismo militar de la contrainsurgencia de 1982, completar sus planes por completo. En el año 2015 se abriría una ventana institucional al descontento social. El 16 de abril 2015 la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) convocaría a una rueda de prensa importante. Se trataba ni más ni menos que una denuncia contra Juan Carlos Monzón, secretario privado de la vicepresidenta Roxana Baldetti. Se le acusaba de dirigir una estructura de defraudación aduanera llamada La Línea, organizada por militares cercanos al gabinete del gobierno de Pérez Molina. En ese momento varias cosas se movieron en Guatemala: uno, los medios escritos y televisivos cubrieron la noticia; dos, la vicepresidenta Baldetti y su secretario, Monzón, estaban en Corea del Sur; tres, la indignación se va propagando poco a poco en la – hasta el momento – indiferente capital del país. En esos días, un grupo de jóvenes organiza un evento en facebook, llamando a una manifestación pacífica en la Plaza central. El gobierno del Partido Patriota había llegado a un punto crucial de no retorno, probablemente sin saber su alcance.

Ahora bien, ¿cuáles fueron las posiciones cambiantes de la Embajada de EE.UU en la reestructuración de su control regional, de la Cuenca del Caribe? ¿Cómo fue enfrentado esto por los partidos políticos en el Congreso y en pleno año electoral? Pero, sobre todo, ¿cómo fue experimentada esta nueva serie de manifestaciones en una ciudad que había sido acostumbrada al silencio por uno de los regímenes contrainsurgentes más violentos de América Latina? A pesar de todo, había vida allí esperando una ventana[5]

[1]             Obregón, Roberto. (2007). «El aprendiz de profeta (1965)» (pp. 73) en: El arco con que una gacela traza la mañana. Recuento de poesía. Guatemala: Ministerio de Cultura y Deportes, Editorial Cultura, pp. 203

[2]             Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala

[3]             Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras. Organización de capitales de distintas ramas de la industria, el comercio, la agroexportación y parte de la banca, fundada luego de la Invasión estadounidense y del Golpe de Estado a Jacobo Árbenz en 1957.

[4]             Proyecto del Plan de Expansión de Transmisión de Energía en Guatemala

[5]             Esto se desarrolla en la Tercera parte del Paro nacional. Guatemala, 27 de agosto 2015.

Versión original: https://comunitariapress.wordpress.com/2015/09/09/el-paro-nacional-guatemala-27-de-agosto-2015-parte-ii/

Parte I: https://kelzaky.wordpress.com/2015/09/09/el-paro-nacional-guatemala-27-de-agosto-2015/

El Paro nacional: Guatemala, 27 de agosto 2015

Una excelente reflexión crítica de Sergio Palencia sobre la histórica movilización del 27 de agosto, más conocida como #27A o #Paro27A, que nos recuerda que esto de movilizarnos para exigir una vida digna y cambios sustanciales no es nuevo; llevamos años en esto.

Es por esto que se hace necesario recordar las gestas y movilizaciones históricas de 1962, 1973, 1977 y 1980. Claro, sin olvidar las que vienen desde 1524 o 1531 dirían los puristas de la historia oficial.

Además hacer este ejercicio reflexivo nos permite tener presente que somos producto de la historia y de las acciones sociales que cotidianamente reproducimos. No somos individuos aislados, somos sujetos colectivos que dependemos de la interacción social y que nuestras acciones sociales que están determinadas por nuestra vida cotidiana condicionada por el mundo de vida; y que esto solo cambia cuando nosotros (no yo, no vos, no aquel o aquella) cambiamos.

Una perspectiva histórica, a cuatro momentos: 1962, 1973, 1977, 1980

Por: Sergio Palencia.

Primera parte.

Sitiado entre dos noches

el día alza su espada de claridad:

mar de luz que se levanta afilándose,

selva que aísla del reloj al minuto

Árbol entre dos muros, José Emilio Pacheco[1]

El paro nacional del 27 de agosto ha sido descrito como «la marcha más grande de la historia de Guatemala»[2]., «la mayor marcha de protesta en la historia del país»[3], o «la movilización de masas más amplia de la historia contemporánea, además de la de mayor concenso.» (IPNUSAC, 2015: 7)[4]. Solo en la Plaza Central de Guatemala, sin referirse a las marchas y bloqueos a nivel nacional, se calculan entre 100 y 120 mil manifestantes. Grandes cifras, grandes frases, tan grandes que adolecen de un pequeño pero central detalle: memoria, reflexión y contraste histórico. No es lo mismo la Ciudad insurrecta en las jornadas de marzo y abril 1962 a la enorme Huelga de cuadrilleros y rancheros en la Costa Sur en 1980, sin olvidar la Marcha de 100 mil personas ingresando a la Ciudad en 1977.

Enredados, como en un vendaval, pasaron los diputados, el presidente, los candidatos la semana pasada. Acostumbrados a cargarle al pueblo sus fechas como el trabajo pesado, no cambiaron las elecciones lo mismo que sus antepasados, los fariseos, hace dos mil y tantos años, hacían del sábado una excusa para oprimir sangrantes y paralizados. Los directores de periódicos y los periódicos de directores se apresuraron para llevar las noticias al tiempo del conteo, de la declaración, de la acumulación. Tanto les había impresionado el Paro nacional del 27 de agosto como para, posteriormente, dejarlo como noticia rebasada. Ahora había que celebrar que el “movimiento ciudadano” se había volcado a las elecciones como a un nuevo programa de televisión. El presente es tan pesado, tan acumulativo, tan incidente que, lo de atrás, es solo importante para una crónica a leer en cinco sintéticos puntos. No hay que pedirle mucho al lector, tampoco al votante o al ciudadano, piensan.

Hoy sería más cómodo comentar cómo se disputan el primer lugar dos o tres partidos políticos. Entraría en la misma sintonía que espera el empresariado organizado – mismo que mandó reprimir el paro el 25 de agosto, mismo que atrás negoció con los diputados leyes para explotar, aún más, a los empleados y desempleados, mismo que protegió al kaibil Pérez Molina tras la masacre de Alaska en 2012, ignoró el asesinato policial en el operativo de Semococh y Raxrujá, el que canceló la condena por Genocidio. Pero no, gracias a las tierras y a los cielos, lo abierto en estos años de lucha los rebasa a ellos. Caminando en la plaza hace dos sábados, viendo a la gente, las expresiones de sus manos, sus rostros de alegría y fuerza, de coraje y memoria, leí en una enorme manta blanca un pequeño e inusual escrito, anónimo: Si la memoria nos acompaña, el futuro no nos ahueva. Pensé en la fotografía de Árbenz, en las jornadas de 1962, en las múltiples resistencias urbanas, en ellas y en todos ellos.

Este escrito, semejante a quienes llevaban veladoras en las marchas nocturas de julio 2015, quiere traer memoria como si fuera un fuego en retoño, necio y por eso mismo, vivo. No es la primera vez en nuestra historia que, como pueblos, hacemos estallar el tiempo de la normalidad-mercantil para, allí, sembrar nuevas posibilidades. Hemos luchado pues. A cada una de nuestras rebeliones y sueños soñados colectivamente, desde nuestra más profunda individualidad, los generales, terratenientes, defraudadores y explotadores han respondido con elecciones, golpes de estado, nuevas constituciones. Sino que lo diga Castillo Armas con 1955, Peralta Azurdia con 1963-1965, Mejía Víctores con 1983-1985 Nosotros, al contrario, no vamos para adelante porque así lo dictan desde arriba. Detengámonos un momento, retomemos fuerza y recuerdo. Allí, negándonos a seguir sus ritmos, podemos encontrar a quienes desde el pasado entienden el mundo que queremos revolucionar, precisamente porque se lanzaron a cambiarlo, fuese en la Guatemala de 1962, 1973, 1977, 1980. Las manifestaciones de 2015 sólo son semilla y prefiguración de camino si hereda pasado. Sólo así, su novedad es novum histórico.

  1. Ciudad insurrecta y la “Operación Palillo”: Marzo y Abril 1962:

La ciudad está paralizada. Los estudiantes han desatado un potente movimiento que exige la renuncia del presidente militar Miguel Ydígoras Fuentes. El jefe de su policía, un hombre de apellido Córdoba – apodado Huevo Loco – dispara contra los jóvenes en la 9a calle y 9 avenida de la zona 1. En la última conferencia previa a su asesinato, en 1979, Meme Colom Argueta recordó esos días aciagos: «Pasan dos meses sin que el gobierno pueda controlar la rebelión y la Ciudad de Guatemala no es de nadie»[5]. El gobierno, la policía y el ejército pierden el control de ciertas zonas de la ciudad. Por unos días las masas enardecidas declaran la zona 5 como territorio libre de América. El comercio se detiene y los trabajadores se niegan a limpiar la basura de las esquinas. Colom Argueta, alcalde de la capital bajo el gobierno del general Arana Osorio, analizaba la enorme creatividad de la lucha urbana en 1962. Los estudiantes: «ponen palillos de dientes a todos los candados de los comercios de la zona 1, y agregado a que los propios comerciantes no quieren abrir, se paraliza el comercio». Mientras tanto, los trabajadores de la municipalidad «colocan las basuras en ciertos lugares de la ciudad y las queman». Es un paro irregular, de más de dos meses, donde los institutos se convirtieron en trincheras y en las calles de asfalto se levantaron barricadas.

  1. La renuncia no llega, el Golpe militar sí: dos abriles, 1962-1963:

El 8 de marzo de 1962 el gobierno de Ydígoras advierte que utilizará la fuerza pública y armada contra cualquier manifestación. El Ministerio de Gobernación habla a los padres de familia sobre el peligro de sus hijos en las manifestaciones. Los escuadrones paralelos al MLN – al cual perteneció al actual vicepresidente Maldonado Aguirre – ponen bombas en colegios, cines y lugares públicos. El fin: paralizar el movimiento con terror. No obstante, el 15 de marzo 1962, alrededor de 500 personas asisten al funeral del bachiller Maco Gutiérrez. La ciudad apenas está iniciando su insurrección y, en el horizonte, se incrementa la actividad de los grupos revolucionarios. Una de estas fue un fallido intento de toma de un cuartel chico en Concuá. Fracasa. Ydígoras, mientras tanto, no renuncia. Se esfuerza por mostrar virilidad haciendo ejercicios televisados. Su ministro y futuro golpista, Enrique Peralta Azurdia, planea, junto a la oficialidad leal a la Contrarrevolución, el aplastamiento de la rebelión urbana y posteriormente un Golpe de Estado en 1963. De no ser así, el Arevalismo podría retornar y con ello las aspiraciones democráticas. Fruto del Golpe militar: entre 1965 y 1966 nueva Constitución, un nuevo proceso democrático tutelado, primer arrasamiento de aldeas en Zacapa e Izabal, secuestro masivo de dirigentes sociales en 1968. Asimismo, entre 1961 y 1965, el ala conservadora jesuita funda la Universidad Rafael Landivar[6]. Temen la influencia de una generación jesuita crítica en Guatemala, como poco más tarde se daría con la fundación de la UCA, en El Salvador. En Guatemala se privatiza la educación como medida de contingencia y separación de la juventud.

  1. Frente al Chacal de Oriente, los maestros en huelga: Mayo 1973:

El general Arana Osorio está furioso. Hace apenas cuatro años acaba de aplastar la rebelión guerrillero-campesina en Oriente. Ahora, bajo la ciudad pacificada se levanta una huelga de carácter nacional: «Unos 8 mil maestros de educación primaria y secundaria se declararon en huelga hace una semana en demanda de aumentos de sueldo» (La Nación, 5 mayo 1973). Mientras, el gobierno dota a las organizaciones finqueras de créditos para el café ante el peligro de la roya: la educación y la salud humana es dejada atrás. En los institutos públicos se va formando el Frente Nacional Magisterial, el cual iniciaría aglutinando una demanda salarial para, paulatinamente, incorporar a pobladores marginales y estudiantes. El General teme un 1962 en medio de su campaña de pacificación. La policía reprime las manifestaciones magisteriales. Por otro lado, muchos estudiantes de la generación de 1962 creen que es necesario impulsar la Revolución en Guatemala. Clandestinos, vendiendo artículos de plástico en las mañanas y organizando la lucha en la noche, estos jóvenes veinteañeros se están conociendo con dirigentes magisteriales y pobladores. La rebelión urbana no ha muerto, se mueve. La huelga triunfa al costo del inicio de la persecución de sus líderes. En el campo, a finales de mayo de ese año la policía militar asesina a 17 campesinos xincas en Sansirisay, Jalapa. Involucrado en la operación está el militar Efraín Ríos Montt. El conflicto: tierra en disputa entre comunidades y finqueros. Un año después, en 1974, los grupos de la línea dura militar harían un fraude contra la Democracia Cristiana, instalando en el poder al general Kjell Laugerud. Declaran Estado de Sitio en diversos pueblos del país. La democracia bajo estado de sitio, buena frase para resumir el sistema de garantías guatemalteco.

  1. Dos decenas de mineros mames convocan a 100 mil manifestantes: Noviembre 1977:

Desde San Ildefonso Ixtahuacán traen una manta que dice «Marcha Pacífica». No fue abril 2015 quien inició esto, menos por internet. De habla mam, su reivindicación consiste en la demanda del pago de sus prestaciones, ante el cierre de una mina en ese municipio huehueteco. Ante esto inician una larga marcha el 11 de noviembre 1977. A su lado, asesorándolos legalmente, camina el abogado Mario Mujía Córdoba, quien sería asesinado en 1978 por escuadrones asociados al ejército, quienes quieren evitar la organización colectiva. A medida que van caminando son recibidos por miembros de Comités de Agua, de Vivienda, por cooperativistas y miembros de Acción Católica en el Altiplano indígena. Causa gran revuelo en Sololá y Chimaltenango. El gobierno de Kjell Laugerud se pone nervioso a medida que avanza la marcha. Desde 1976 la organización social se ha incrementado para solventar la crisis causada por el terremoto. En la ciudad preparan la recepción de los caminantes mames. La experiencia es asombrosa: más de 100 mil personas entran apoyando a las dos decenas de mineros. Se han volcado estudiantes universitarios, medios, parroquias religiosas. El gobierno teme: «También fueron amenazados por el Vicepresidente de la República que dijo que si seguía la marcha los iba a mandar a reprimir.» Un testigo reflexiona sobre la experiencia: «Hemos visto la fuerza del pueblo que cuando se organiza y se mueve es algo que arrastra y hace retroceder a los opresores y represores del pueblo»[7]. Entran a la ciudad, caminan las calzadas de occidente e ingresan a la zona 1. En la Concha Acústica, frente al Parque Central, dan su discurso. En ese mismo lugar, menos de un año después, un joven graduado del Colegio Americano, Oliverio Castañeda, ahora estudiante sancarlista, daría un discurso. Miembros de la Policía, comandada por el coronel Chupina, marcarían en la foto una X. Lo asesinarían en los albores del segundo momento de guerra.

  1. La gran Huelga de los desposeídos en los albores de la guerra finquera: Febrero 1980

Inicios de 1980: la organización desde abajo es cada vez más fuerte. La represión va en escalada. Ya no solo se da contra líderes de sindicatos, cooperativas y ligas campesinas, sino empiezan los secuestros y masacres masivas. Dos de ellas se darían ese año, en 1980: la quema de la Embajada de España y el secuestro, en dos operativos, de 43 sindicalistas urbanos. Apenas una semana después de la Embajada, en febrero 1980, un grupo de organizadores campesinos, pertenecientes a grupos católicos en Santa Lucía Cotzumalguapa, ven que es el momento indicado para la gran acción. Durante febrero 1980 se desataría la Huelga de la Costa Sur, a la cual se calcula que participaron cerca de 80 mil trabajadores, rancheros o cuadrilleros, de Escuintla y Suchitepéquez. Los trabajadores tomaron camiones y fueron a avisar de la huelga a fincas vecinas. Los cuadrilleros ixiles hacían guardia en las bodegas de Pantaléon, controlando el alimento. Esta huelga ponía en jaque la producción finquera de ese año. El gobierno de Lucas, con un Ministerio de Gobernación copado por finqueros, estaba indeciso entre la represión y la concesión táctica. Se decidió la segunda, aún bajo la molestia de los finqueros locales. Se aumentó el salario de un quetzal a Q3.20 el jornal. No obstante, a partir de 1980 y, especialmente en 1981, los escuadrones de la muerte asolarían al campesinado organizado, de manera individual. No se hacían grandes masacres allí donde se necesitaba sacar la producción. Los campesinos – indígenas o ladinos, rancheros o cuadrilleros – habían descubierto algo: «Si nosotros paramos, se para la riqueza de los finqueros»[8]. Asesinado Colom Argueta y perseguidos los partidarios de la Democracia Cristiana, el futuro previsible era un nuevo presidente de la línea luquista. No sería así, de nuevo un golpe militar en marzo 1982. Ríos Montt vestiría a Cristo de guerrero anticomunista y un joven teniente, Otto Pérez, conocido como Tito Arias, dirigiría la segunda fase de represión contra los pueblos ixiles.

Vistos estos momentos históricos, ¿qué significa entonces el 27 de agosto para la historia de Guatemala y de la región Mesoaméricana?[9]

[1]             Pacheco, José Emilio. (1963 / 1983). Los elementos de la noche. México: Era, pp. 58

[2]             Nómada. «¿Qué provocó la marcha más grande de la historia de Guatemala?» en:Revista Nómada, 29 de agosto 2015.

[3]             Quan, Mario. «El escalofrío. Paro nacional #27A», en: Plaza Pública, 28 de agosto 2015.

[4]             Editorial IPNUSAC. «La movilización más grande de la historia . El consenso más amplio» (pp. 7-9) en: Revista Análisis de la Realidad Nacional, Año 4, Edición No. 80, Guatemala, 1 al 15 de septiembre 2015.

[5]             Colom Argueta, Manuel. «Guatemala: el significado de las jornadas de marzo y abril» (pp. 7) en: Jornadas populares. Marzo y abril del ’62. Revista USAC. No. 1 año 1997. Guatemala, pp. 94

[6]             URL (julio 1965). Fundación y primeros años de la Universidad Rafael Landivar.Guatemala: Tipografía Sánchez & de Guise, pp. 23

[7]             Revista De Sol a Sol. Periódico campesino No. 20, diciembre 1977, Guatemala.

[8]             Revista De Sol a Sol. Periódico campesino. 1980, Guatemala, pp. 3

[9]             El Paro Nacional: Guatemala, 27 de agosto 2015. Segunda parte: La CICIG, la Embajada y la pregunta por el despertar urbano

Versión original: https://comunitariapress.wordpress.com/2015/09/08/el-paro-nacional-guatemala-27-de-agosto-2015/

Parte II: https://kelzaky.wordpress.com/2015/09/12/el-paro-nacional-guatemala-27-de-agosto-2015-parte-ii/

Comunicado de los 48 cantones de Totonicapán

La asamblea del consejo de alcaldes comunales y la junta directiva de la asamblea de alcaldes comunales los 48 cantones de Totonicapán al pueblo de Guatemala, a la comunidad internacional y los países amigos por este medio hacen saber su postura sobre el #CasoSAT y piden la #RenunciaYa de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti.

Continuar leyendo -> Comunicado Memorial de 48 Cantones

10 historias de mujeres revolucionarias que no le enseñaron en la escuela

Todo el mundo conoce hombres revolucionarios, como el Che Guevara, pero la historia en general, tiende a olvidar las aportaciones de las mujeres revolucionarias que sacrificaron su tiempo y sus vidas en la lucha contra las ideologías y los sistemas burgueses. Muchas de ellas lo han hecho con fusiles y muchas otras con plumas, pero todas lucharon duro por lo que creían.

Es de justicia saber que han habido miles de mujeres revolucionarias en la historia, y que muchas de ellas han jugado un papel crucial. Aquí podrán ver 10 ejemplos en todo el mundo.

10 historias de mujeres revolucionarias que no le enseñaron en la escuela.